Por fin acabas
la carrera de tuba.

GRAN DÍA.

O NO…

Porque ahora,
la aventura sigue
de tres formas.

Y tienes
que elegir:

01

01

Irte a estudiar un Máster al extranjero.

Porque posiblemente ya estás pensando en dar el salto a una gran orquesta…

…entonces ahora simplemente es ‘perfeccionar’ un poco lo que no se ha podido resolver en solo 14 años de conservatorio.

Hasta que, en la primera clase, el nuevo profesor te dice lo inevitable:

“Wow, te suena muy bien la tuba… Pero tenemos que empezar de cero.” 

02

02

Que le den al Máster.

Pasas de acabar en Alemania comiendo todos los días chucrut con cosas. Así que mejor te quedas en tu pueblo, que los domingos hay paella… vamos, ni punto de comparación.

El caso es que, con Máster o sin él, te preparas una docena de audiciones por medio mundo… total, son gratis.

(Bueno, a lo mejor 700 eurillos en billetes de avión —uno para ti y otro para tu tuba—, pero lo que son las pruebas, gratis)

Así que primero te presentas para entrar en orquestas muy buenas.

Luego no tan buenas.
Al final a cualquiera, la que salga.
O directamente ninguna.

Pero lo que no entiendes es por qué narices siempre le dan la plaza a otro, ¡si tú no has fallado ni una mísera nota!

Y otra vez más, te toca llamar a los tuyos para anunciarles que…

“Nada, no he pasado ni la primera ronda.”

03

03

Al final, tiras la toalla.

Y sin darte cuenta, el desánimo hace que acabes aceptando bolos mal pagados.

O tocando con charangas en Semana Santa. 

Y está todo bien. Yo soy el primero que, como tú, se emociona tocando un buen Mater Mea… pero claro, tampoco te has sacado un título para acabar tocando procesiones. Y dos veces al año, no me jodas.

Lo bueno es que si te apasiona la enseñanza puedes dar clases a 10 euros la hora… a veces en negro.

Y a lo mejor no era exactamente el plan que tus padres querían para ti (hasta te has planteado dedicarte a otra cosa), pero en el fondo piensas:

“No puedo fallarles después de media vida apoyándome en esto.”

Ya, es una cuestión de dignidad.

“Es que ese chaval
tiene muchas condiciones…
Yo no tengo ese talento.”

PERO
ESPERA, ESPERA…

LA BUENA NOTICIA
ES QUE HAY UNA

4ª OPCIÓN

Que vayas
en serio
con la tuba.

Resulta que yo también me había pegado años haciendo las cosas como me habían dicho, como se supone que había que hacerlas. Y oye, me sirvió… aunque solo fuera para no suspender y que la nota me diera para pasar de curso. Y todos contentos.

Incluso por un tiempo, esa base me permitió conseguir algunos pequeños objetivos, como entrar alguna orquestilla joven, no te digo que no.

Porque está claro que el conservatorio es la base.

Pero solo eso: la base.

Y esa fue
mi confusión.

Porque a ver…

Una cosa es sacarte un título, o que consigas hacer más notas que el mismísimo Baadsvik (un grande)…

…y otra muy distinta, salir ahí fuera y enfrentarte a la vida real, donde debes prepararte a conciencia si quieres jugar con los mayores.

Me refiero a entrar en el verdadero mundo orquestal.

Esa burbuja en la que sólo unos pocos vivimos (y disfrutamos) de la tuba realmente en serio.

De hecho…

Si hubiera seguido estudiando como la mayoría, nunca habría llegado a tocar con Chicago Symphony.

Ni con New York Philharmonic.

O Boston, Utopia, Mahler Chamber...


Y mucho menos, tener el privlegio de ocupar la silla de tuba en la Orquesta Nacional de España desde hace 12 años.

Así que después de 20 años metido en el terreno de juego…

Estoy listo para guiar y mostrar el camino a la nuevas generaciones de tubistas.

Sin atajos pero sí por fin entregarles la llave en mano que les abra las puertas a un futuro prometedor.

Y si quieres, a ti también, claro.

Luego te digo cómo, pero antes hay que matizar algo.

Y créeme… merece muchísimo la pena.

“Pero, ¿cómo cojones he acabado aquí gracias a una tuba?”